El pasado sábado no fue un día cualquiera para nuestra comunidad educativa. Familias, alumnos y profesores dejamos a un lado los libros y las rutinas para disfrutar de una jornada de convivencia, en la Ermita de San Cristóbal, marcada por el buen ambiente y el encuentro fuera de las aulas.
La actividad arrancó con energía gracias a una ruta cicloturista. Ver a grandes y pequeños compartiendo pedaleadas fue el comienzo perfecto para una mañana dedicada al deporte y al aire libre. Tras el ejercicio, nos detuvimos en la ermita para tener un momento de oración y recogimiento, un espacio necesario para dar gracias y fortalecer nuestros lazos espirituales en común.
Como no hay buena jornada sin un buen final, cerramos el día de la mejor manera posible: compartiendo una gran paella. Entre plato y plato, las risas y las conversaciones demostraron que nuestro colegio es mucho más que un edificio; es una familia que crece cuando pasa tiempo unida.
Gracias a todos los que participasteis por hacer que este sábado sumara tanto. ¡Sigamos construyendo juntos!